La danza del cuerpo: La historia de Sandro el fisioterapeuta
Sandro es como un director de orquesta, pero en lugar de dirigir músicos, su tarea es coordinar los movimientos de los cuerpos que han perdido su armonía. Cada paciente que cruza su puerta es una sinfonía incompleta, un instrumento desafinado, un piano cuya melodía se ha desvanecido por el tiempo o el mal uso. Su misión es devolverle la armonía, restablecer el ritmo, y enseñar a los cuerpos a bailar de nuevo.
A veces, los pacientes llegan como un violín que ya no puede emitir su tono claro. Sus cuerdas están tensas, sus sonidos son distorsionados por el dolor. Pero con las manos de Sandro, las tensiones comienzan a ceder. Un pequeño ajuste aquí, un estiramiento allá, y el violín comienza a sonar de nuevo, suave, fluido, como si nunca hubiera estado desafinado.
En otros casos, el cuerpo es como una guitarra que se ha caído y se ha desajustado. Hay que afinar cada cuerda con precisión, corregir las malas posturas y las costumbres que han alterado la estructura natural. Sandro tiene la paciencia de un luthier, siempre atento a los detalles, siempre buscando el equilibrio perfecto entre la técnica y la delicadeza.
Y no solo se trata de sanar el cuerpo, sino también de restaurar la confianza perdida en el propio movimiento. Hay momentos en los que el paciente es una bailarina que ha perdido la gracia, un corredor que ya no puede sentir el viento en su rostro. Con Sandro, ellos aprenden a redescubrir sus movimientos, a confiar en la fuerza de sus músculos y en la flexibilidad de sus ligamentos.
Pero la verdadera magia de Sandro no es solo técnica. Es la manera en que escucha. Porque cada cuerpo tiene una historia que contar, un ritmo propio que necesita ser comprendido. Sandro sabe que, detrás de cada dolor, hay una narración única: una vida, un esfuerzo, una lucha. Y él no solo restablece la alineación de huesos o músculos, sino que también restablece la conexión entre la mente y el cuerpo.
Al final, Sandro no solo es un fisioterapeuta. Es un guardián de la movilidad, un restaurador de la libertad corporal, y sobre todo, un aliado en el viaje hacia el bienestar. Porque, como un buen director de orquesta, sabe que cuando todo está en su lugar, el cuerpo puede volver a ser la música que siempre fue destinado a ser.
We wandered the site with other tourists
Yet strangely the place did not seem crowded. I’m not sure if it was the sheer size of the place, or whether the masses congregated in one area and didn’t venture far from the main church, but I didn’t feel overwhelmed by tourists in the monastery.
Headed over Lions Bridge and made our way to the Sofia Synagogue, then sheltered in the Central Market Hall until the recurrent (but short-lived) mid-afternoon rain passed.
Feeling refreshed after an espresso, we walked a short distance to the small but welcoming Banya Bashi Mosque, then descended into the ancient Serdica complex.
We were exhausted after a long day of travel, so we headed back to the hotel and crashed.
I had low expectations about Sofia as a city, but after the walking tour I absolutely loved the place. This was an easy city to navigate, and it was a beautiful city – despite its ugly, staunch and stolid communist-built surrounds. Sofia has a very average facade as you enter the city, but once you lose yourself in the old town area, everything changes.
Clothes can transform your mood and confidence. Fashion moves so quickly that, unless you have a strong point of view, you can lose integrity. I like to be real. I don’t like things to be staged or fussy. I think I’d go mad if I didn’t have a place to escape to. You have to stay true to your heritage, that’s what your brand is about.





